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sábado, 6 de octubre de 2012

El Círculo

“Dios es un Círculo que tiene su centro en todas partes, y cuya circunferencia no está en ninguna”
Hermes Trismegisto
“Un Círculo se cierra sobre sí mismo, y por ello representa la unidad, lo absoluto, la perfección. Es símbolo del cielo en relación a la tierra, de lo espiritual en relación a lo material. Por ello se le relaciona con la “protección” y, así, tenemos los círculos mágicos, los anillos de poder, las coronas reales o los cinturones que nos hacen invisibles.
Si bien el círculo representa el cielo, lo celestial, Dios o el Alma, se usa en lo terrenal como representación de la perfección de Dios en la tierra, de su manifestación arquetípica en la materia.”

Diana y Karolus
Todas las culturas que han existido en nuestra historia nos han legado su experiencia más íntima a través del lenguaje simbólico. Relacionarse con el mundo espiritual, y sintetizar esa mística relación con la vida a través del símbolo, es fundamental para el encuentro entre lo divino y lo humano.
Un símbolo es la expresión -bajo la forma de una imagen- de una idea o concepto, emoción o sentimiento espiritual, signo eterno de nuestra humanidad y de nuestra pertenencia a un todo sagrado mayor que nosotros mismos.
Los símbolos básicos y primigenios que comparten todas las culturas son El Círculo, La Cruz y El Cuadrado. Hoy empezaremos con El Círculo.
Su imagen proviene del disco solar. El Sol, Creador de la Luz y Señor del Fuego de la Vida, es el elemento crucial para la existencia de vida en la tierra.
Por ello, por encima de todo el cosmos simbólico, se erige el Símbolo del Círculo -la Rueda de la Vida para el Budismo- que hace girar a la naturaleza entera, con sus ciclos, sus ritmos y su movimiento eterno. Es, por tanto, la totalidad, la integridad y la realización.

Un Círculo se cierra sobre sí mismo y por ello representa la unidad, lo absoluto, la perfección. Es símbolo del cielo en relación a la tierra, de lo espiritual en relación a lo material. Por ello se le relaciona con la “protección”, y, así tenemos los círculos mágicos, los anillos de poder, las coronas reales o los cinturones que nos hacen invisibles. De esta manera, para simbolizar un círculo que protege a algo o a alguien, dibujamos este mismo círculo con un punto en su centro, el cual representa la individualidad, el ser, el alma –según Carl Jung-. Es el símbolo del oro en la Alquimia, y del Tao, el poder supremo en el Taoísmo. El Círculo es un punto extendido.
La redondez es sagrada por ser la forma más natural. Es la forma que contiene a las demás formas, el “Huevo Cósmico”, la eternidad.
Actualmente la física reconoce este hecho, y ha sido capaz de dar explicación de porqué los planetas o los soles son esféricos y no son cúbicos –cuadrados-. Lo mismo sucede con nuestras células, nuestros átomos o nuestros electrones.
El Círculo representa el poder masculino en su lectura subjetiva, la chispa de la vida, pero en su lectura más objetiva representa el poder de lo femenino, receptivo, la matriz de la Creación. Por ello es la divinidad manifestada, cuya creación se regula y se ordena, el Alfa y el Omega del Cristianismo.
Coincide asimismo con la naturaleza hombre-mujer del ser humano, en la que arquetípicamente el hombre ha representado la protección –padre-, el portador de la corona –rey-, la chispa de la vida –simiente-, y la mujer representa el acogimiento y el hogar –madre-, la receptividad, matriz o base –útero y óvulo-, y en la que mejor se representa el círculo por sus redondeces físicas, siendo en sí misma un reflejo de La Tierra -que nos acoge a nosotros como una Gran Madre- acogiendo también en algún momento de su existencia una o varias vidas en su interior.

Embarazo
También el círculo aparece en innumerables representaciones artísticas, religiosas y relativas a tradiciones:
Por ejemplo, los Derviches Malawi, conocidos como los Derviches Giradores, danzan en círculo sobre sí mismos imitando el movimiento de los planetas alrededor del sol, y también la búsqueda de Dios, simbolizado por el sol mismo.

Innumerables danzas en el mundo son celebradas en círculo como símbolo de hermanamiento, protección de la comunidad -asegurada dentro de sus límites-, búsqueda de lo trascendente a través de la acción en grupo, y fraternidad universal.
Si bien el círculo representa el cielo, lo celestial, Dios o el Alma, se usa en lo terrenal como representación de la perfección de Dios en la tierra, de su manifestación arquetípica en la materia. Por ello encontramos edificaciones y construcciones arcaicas como Stonehenge, dispuestas en círculo.

Stonehenge
También los rosetones en muchas iglesias y templos cristianos.

Rosetón de la Catedral de León, España
Asimismo, los mandalas resumen perfectamente dicha combinación terreno-espiritual.

Mandala
El círculo se ha usado en ritos de diversa índole como estabilizador, cohesionador de Alma y cuerpo, protector, unificador, sellador… de ahí el uso de cordones de defensa alrededor de ciudades, templos y tumbas; el uso de sortijas, anillos, collares, cinturones…  como elemento talismánico, de unión –matrimonio- y de poder sobrenatural, así como los escudos y brazaletes de los guerreros como su elemento protector.
Veamos la simbología de distintos tipos de círculos:
EL CÍRCULO ALADO: La pareja cósmica, el cielo creativo y la tierra fértil. Es el sol naciente para los egipcios, el dios Ra, la resurrección.

Círculo alado
DOS CÍRCULOS GEMELOS: El principio masculino y el principio femenino, la sabiduría y el amor, El Cristo y su naturaleza dual como Segunda Persona de la Trinidad.

Círculos gemelos
LOS CÍRCULOS TRIPLES: La Tríada original, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; Brahma, Visnhu y Shiva en la Trimurti Hindú, o Isis, Osiris y Horus en el antiguo Egipto.
Círculos triples

EL CÍRCULO EN LLAMAS:
Es “Pakriti” –Hinduísmo-, “lo que evoluciona, produce y da a luz”.

Círculo en Llamas

CÍRCULOS CONCÉNTRICOS:
Representan los grados de desarrollo, de evolución de la consciencia del ser, el perfeccionamiento y la armonía adquiridos.

Círculos concéntricos
En nuestro próximo post hablaremos del simbolismo de “la cruz” como representación de la encarnación de lo divino en lo humano, un símbolo imprescindible para comprender nuestra propia naturaleza y la condición de nuestra existencia terrenal.

martes, 21 de junio de 2011

Geometría Sagrada o Sustentable

El origen de los lenguajes Sustentables o Lenguajes Sagrados

El lenguaje es un sistema convencional de significación. Es un sistema porque obedece a ciertas reglas y principios básicos; es convencional, es decir, compartido, en la medida en que las personas nos ponemos de acuerdo para usar un mismo código y transformar la realidad.
Los lenguajes están conformados por unidades mínimas de significación llamados signos. El misterio profundo de estos signos es que son unidades auto referentes, es decir, que el signo carece de significado salvo cuando se interrelaciona con otros signos. Por ejemplo, la letra "a" no significa nada pero si la junto con otros signos como la "m,o,r", nos dan la palabra "amor". Sumo partes que no significan nada y me arrojan algo que puede significar todo.
Los lenguajes tiene una característica muy peculiar: están formados por elementos limitados sin embargo nos ofrecen resultados ilimitados. Es un sistema que puede producir significaciones nuevas, con palabras y términos que amparan conceptos e ideas.
La importancia de los lenguajes es que con ellos conferimos significados a nuestras experiencias y nos conforman como sujetos. Describimos la realidad objetiva a partir nuestra capacidad para descifrar los múltiples lenguajes que coexisten en la vida. Así, hay lenguajes para el arte, la pintura, la música, las matemáticas, la arquitectura; hay lenguajes sexuales, emocionales, intelectuales, instintivos, motrices. Existen tantos lenguajes como estrellas en el firmamento.
La Geometría Sagrada es un lenguaje. Es el lenguaje que utiliza el Absoluto, Dios, Totalidad (o como gustes llamarle) para cifrar y descifrar la vida y la muerte, la expansión y la contracción del universo y todas sus manifestaciones. Es un lenguaje matemático sustentado en tres números irracionales: pi, phi y euler.
En Psicogeometria estudiamos este lenguaje de la Geometría Sagrada y lo vinculamos con los diferentes aspectos del ser humano: sexual, instintivo, motriz, emocional, intelectual, integrando esta subjetividad con la objetividad material por medio de la arquitectura, el arte, el diseño, la música, la naturaleza, etc.
El lenguaje codifica un universo, de tal forma que solo tendrán acceso aquellos "iniciados" que tengan los códigos para descifrar los signos que están inscritos en esa realidad y que sean capaces de derivar un significado correcto de esa porción de la realidad.
Recordemos la definición de lo sagrado: fractal autorecurrente. Los lenguajes son considerados sagrados cuando los signos que los integran derivan de estructuras geométricas auto recurrentes o auto sustentables. Tal es el caso de los signos del lenguaje hebreo que se originan de la sombra de una espiral dorada inscrita en un tetraedro.
Los signos de los lenguajes sagrados son codificadores y nos muestran el camino de regreso a casa, al punto cero. Desde la circunferencia de un toroide hacia el centro del mismo, hacia el punto cero.
Surgen así, cinco lenguajes sagrados: hebreo, chino, egipcio, tibetano e hindú.
"El alfabeto de los Ángeles esta inscrito dentro de la implosión de un anillo: el ADN. Las letras son elementos alfabéticos de simetría en el Anillo (toroide), algunas series de alfabetos de simetría hacen operaciones de compresión de espiral, que es la llave para volver al ADN un anillo implosivo. Una vez que el grial del fractal del ADN se vuelve naturalmente un compresor de carga para fabricar gravedad usando las ondas de capacitancia fractalmente implosivas, entonces el papel de las razas en el nacimiento de las estrellas puede ser comprendido por la física"
En el Señor del Anillo las simetrías de letras encontradas en el anillo quemadas por la espiral de la dona toroide, indican los ángulos de inclinación (que hacen el alfabeto) para escurrir los codones del ADN angularmente en la recursion. Literalmente, un anillo toroide de ADN se convierte en el mecanismo de conciencia magnéticamente implosivo que crea gravedad para habitar y doblar las estrellas.... la comunidad del anillo es la comunión sagrada que implota en el ADN y actúa morfológicamente vinculando en el centro todos aquellos que unen su centro como un tejido de luz auto similar en el ADN.
"... las veintidós letras del alfabeto descendidas de la corona de Dios que fueron grabadas con una pluma de fuego en llamas. Ellas se reunieron en torno a Dios y una tras otra habló, cada una, que el mundo sería creado a través de el..." de El Zohar, el Libro del Esplendor por Moisés de León, Siglo XIII
Las formas "flamantes" de las letras del alfabeto hebreo forman un conjunto de vistas de simetría del único camino para las ondas que se mueven del Cosmos (orden) hacia el "punto cero", formando el corazón de toda la vida y la materia. Aquí esta una única presentación de la forma de la letra-flamante en 3D interactivo.
"Caminando" por la letra-flamante, mientras vemos hacia el centro, vemos una secuencia de las siguientes formas conforme el punto de vista cambia:
Estas son las letras de la primera palabra del génesis: BEREASHITH (de izquierda a derecha), que significa "primero, en principio", popularmente traducido como "en el Principio".
Imagen: BEREASHIT (la primer palabra en el Génesis) "en el principio" o más correctamente "primero en el principio". Aquí, empezando desde el exterior de la dona y caminando hacia el interior (girándonos de dentro hacia fuera) lo que vemos si miramos justo al centro desde nuestros pies, cuando la cuerda cambia los puntos de vista, SON las letras de la primera palabra del Génesis¡ BEREASHIT: Primero en el principio. El comienzo del principio de la "cosificación" ES el principio del doblamiento o del giro de dentro hacia fuera.

Autor del documento: Arturo Ponce de León

domingo, 19 de junio de 2011

La Cruz

“La Cruz es la base de todos los símbolos de orientación en los diferentes niveles de existencia del hombre, el cordón umbilical jamás cortado en relación al cosmos creador, el recuerdo de nuestro origen, de nuestra esencia espiritual, de nuestra filiación a Dios.”
“Se trata de la definición más clara y sencilla de la encarnación del espíritu en la forma, la cual da lugar a la consciencia, al “yo soy”, al Alma que sabe y ama,
el punto de comunicación entre Cielo y Tierra, el eje de la Vida.”
Diana y Karolus
La Cruz es un símbolo universal, pertenece a todas las culturas y a todos los tiempos.
No se trata de un símbolo propiamente cristiano como muchos creen, pues en la cuna de nuestra civilización, en Grecia o en Mesopotamia también estaba presente. Asimismo, miles de años antes de la era cristiana, en la India, en Egipto, en China, en las culturas preincaicas de América, o en la Europa Neolítica y en el mundo Celta, siempre fue un símbolo principal.

Para comprender el significado de la Cruz, basta con representarla inscrita en un círculo. Sus cuatro ángulos miden 90º, así que, la suma de sus cuatro ángulos alcanza la totalidad que el círculo simboliza, 360º. Esta es la razón matemática de uno de los grandes enigmas de la historia: la cuadratura del círculo. En la simbólica China, se relaciona directamente los 4 lados del cuadrado o los cuatro brazos de la cruz con el centro de la misma, el punto de intersección de sus brazos, que coincide con el centro del círculo, la gran encrucijada, el misterio por resolver, la magia por hallar.
La Cruz es una marca, una señal, una coordenada, un encuentro, un contacto o un cruce entre los dos grandes valores de la existencia: la materia, el tiempo, la limitación –representada por su eje horizontal, femenino-, y el espíritu, el espacio, la libertad –representado por su eje vertical, masculino-. En ella, así, se manifiesta una función de síntesis.
La Cruz es la base de todos los símbolos de orientación en los diferentes niveles de existencia del hombre, el cordón umbilical jamás cortado en relación al cosmos creador, el recuerdo de nuestro origen, de nuestra esencia espiritual, de nuestra filiación a Dios.
Se trata de la definición más clara y sencilla de la encarnación del espíritu en la forma, la cual da lugar a la consciencia, al “yo soy”, al Alma que sabe y ama, el punto de comunicación entre Cielo y Tierra, el eje de la Vida.
El Cristianismo ha enfatizado el simbolismo de la Cruz a través del episodio de la crucifixión vivida por Jesús. Tal crucifixión, a nivel simbólico, representa la tarea del hombre por desentrañar el mecanismo entre esos dos ejes, logrando -al final su evolución- encontrar el punto en el que se entrecruzan, y sintetizando ambas energías en una. La muerte simbólica en la cruz representa la muerte del hombre de a pie, de la personalidad llana, a merced del espíritu, que encuentra su sitio tomando tierra a través de ese punto central que equilibra fuerzas y sintetiza aprendizajes.
En esta línea de interpretación el poeta italiano Dante Alighieri la describe en la Divina Comedia -escrita a principios del 1300- como símbolo de gloria eterna, adquirida por el sacrificio, y que culmina en felicidad derivada por el éxtasis. En el Paraíso, XIV, 103-129, la describe en medio de un cielo estrellado rodeada de bienaventurados en adoración.
Es el andrógino primordial, la dualidad de la naturaleza y la unión de los contrarios hasta convertirse en complementarios… mientras el círculo gira y gira…
El célebre pintor Salvador Dalí usó muchísimo la cruz y el círculo en sus óleos. Como el genio que fue, casi nunca visiblemente para el espectador sino codificado en sus obras. Como ejemplo, su obra “Leda Atómica” parte de una cruz inserida en un círculo, de la que luego traza un pentáculo para situar los elementos del cuadro. Todo ello realizado siguiendo la proporción áurea.
Leda Atómica
También en obras como “El Cristo de San Juan”, “La Última Cena” o “Gala de las Esferas” se pueden apreciar juegos con cruces, círculos y esferas, tanto planas como en movimiento o 3 dimensiones. No cabe duda que Dalí conocía su significado pitagórico y matemático, así como su profundidad simbólica. En su vida personal, mostró pasión por la ciencia, la religión ocupó un lugar relevante en su educación (padre ateo, madre ultra católica, y él buscó su propio significado en los místicos del XVII), y Gala supuso para él una forma de entender las relaciones más allá de lo terrenal, pues la idealizó para convertirla en su musa. Con todo ello, el genio buscó los modos más elevados de plasmar lo que corría por su interior e intentó equilibrar ese juego de fuerzas entre intelecto e intuición, pasión y amor elevado.

El Cristo de San Juan, juego entre cruces de dos y 3 dimensiones.

La Última Cena, configuración similar a la de Leda Atómica.

Galatea de las Esferas. Aparecen dos cruces en movimiento,
una cruz lineal que crea espacios y otra formada por esferas que conforma el objeto.
Representa la integración de nuestra eternidad en el tiempo lineal, la expansión de la vida en todas las direcciones, los “Cuatro ríos del Paraíso” que fluyen de la raíz del Árbol de la Vida, los Cuatro Elementos –Fuego, Tierra ,Aire, Agua- unidos en su centro: el Quinto Elemento, la Luz, la Energía Crística. Por esto el pan sacramental de la eucaristía se marca con una Cruz.
LAS DIFERENTES CRUCES:
La Cruz Latina o Crux Inmissa Capitata: La utilizada por el Cristianismo, cuyo brazo inferior es más largo que los demás. Sirve de base arquitectónica a las iglesias románicas y góticas. Simboliza tanto la Pasión y el suplicio sufrido como la Resurrección de Cristo, su victoria sobre la muerte.
La Cruz Papal: Con tres travesaños de longitud diferente, es la utilizada por la jerarquía eclesiástica.
La Cruz de Lorena: Con dos travesaños de longitud diferente, representa la inscripción burlona de Poncio Pilatos en la cruz de Jesús: “Jesús de Nazareth, Rey de los Judíos”.
La Cruz Tau: Es una Cruz sin cúspide, y simboliza la serpiente clavada en una estaca, la muerte vencida por el sacrificio.
La Cruz Griega o Cuadrata: De cuatro brazos iguales y rectos, sirve de planta arquitectónica a las iglesias bizantinas y siríacas. Representa el equilibrio de las fuerzas activas y pasivas de la vida, los principios de Sattwa y Tamas del Hinduísmo, los equinoccios y los solsticios de la astronomía, la consciencia sujeta al tiempo.
La cruz Ansada o Ankh de Egipto: Símbolo de la escritura jeroglífica que representa llave que guarda el secreto del despertar de la energía kundalini y la inmortalidad, la Vida Eterna.
La Cruz Gamada o Svástica: Símbolo solar de Zeus, dios del cielo, cuando aparece con movimiento extrógilo. Significa la evolución, el desarrollo, el crecimiento.
La Cruz Gamada o Sovástoca: Cuando el sentido del giro es retrógilo representa la involución, el estancamiento.
La Cruz inscrita en un Círculo: La Rueda de la Vida, la Ley del Cambio, el progreso, la evolución de la consciencia en o desde la forma, la materia.

Introducción: Significado de los Simbolos

Frente a estos cambios tan radicales y profundos necesitamos mapas, y las referencias que pueden servirnos de guías son, como siempre han sido, los símbolos: el lenguaje de las imágenes arquetípicas y ancestrales que constituyen un auténtico diccionario universal, más allá de las distancias culturales o de las épocas históricas, esto es, más allá del tiempo o del espacio.
Diana y Karolus
En innumerables escritos se nos dice que el hombre está a punto de entrar en una Nueva Era. El vocablo alemán “zeitgeist” describe adecuadamente este concepto, pues su traducción alude al “espíritu de los tiempos”, a una renovación de paradigmas, alteraciones tan importantes como espectaculares en la consciencia del hombre.
La historia está colmada de “zeitgeists”, momentos donde nacieron visiones diferentes de la realidad, siempre más amplias que las anteriores. En cada cambio mueren unos dioses y nacen otros nuevos. Dioses y Diosas son arquetipos de nuestra psique, que se expresan a través de símbolos, de imágenes que hablan a nuestro inconsciente.
Dichos símbolos no siempre son utilizados ni interpretados como debiera. Asimismo, todo símbolo tiene su cara luminosa y su cara oscura, su ying y su yang, y depende de nosotros su comprensión y manejo. Internet, por ejemplo, es un hervidero de malas interpretaciones y manipulaciones. También algunos sectores y determinados grupos los han usado en beneficio propio, desvirtuando su significado original.
Hoy, nuestro “zeitgeist”, nuestro salto de consciencia, radica en hallarnos a nosotros mismos, en viajar hacia adentro, en tomar consciencia y entender quienes somos. Debemos hallar el conocimiento interno que complemente tantos años enfocados en el exterior, en las formas, en los modos, en las personalidades –persona significa “máscara” en griego-.
Estamos viviendo un momento de conmoción socioeconómica a nivel mundial –exterior-, y, sincrónicamente, un momento de emerger espiritual, de búsqueda de nuevos valores –interior-. Este es el cambio que se está produciendo en la psique colectiva de la humanidad.
Toda esta reevaluación de la vida es parte de la necesidad de valores más significativos, y por ello existe el interés de retornar a antiguas ciencias cargadas de simbología –astrología, alquimia, mitología…- La ciencia empírica, que durante siglos ha mantenido la última palabra en lo referente a la realidad, se sorprende hoy a sí misma aproximándose cada vez más a lo que podríamos llamar “estudios arcanos”.
Nos dicen que las plantas reaccionan ante las emociones humanas, o que les gusta la música, y que podemos “cargar molecularmente el agua” con altas vibraciones para restablecer nuestra salud psicofísica; que el sol y la luna emiten “energías” que ciertamente nos afectan; que nuestra mente posee capacidades “telépatas” que pueden entrenarse….
Así que puede que al final concluyamos que Dios está perfectamente oculto en la materia, y que goza de buena salud…
La ciencia se encuentra actualmente en los umbrales de un universo que se parece más a un mágico cuento de hadas que a la visión estrecha y dogmática del racionalismo empirista. Vivimos, también, una reevaluación de dicha disciplina, el emerger de una nueva ciencia, y no tanto su desaparición.
Frente a estos cambios tan radicales y profundos necesitamos mapas; y las referencias que pueden servirnos de guías son, como siempre han sido, los símbolos: el lenguaje de las imágenes arquetípicas y ancestrales que constituyen un auténtico diccionario universal, más allá de las distancias culturales o de las épocas históricas; esto es, más allá del tiempo o del espacio.
La nueva ciencia de la psicología es, de hecho, la heredera de la astrología de antaño. “Psico-logía” proviene de dos palabras griegas: “Psyche” –que significa Alma-, y “Logos” –que significa Sabiduría, y el estudio del alma humana fue dominio de la astrología durante miles de años.
Aunque Psicología y Astrología usen lenguajes diferentes, su tema de investigación es el mismo: el estudio de la consciencia humana, sus cambios, su crecimiento, su despertar, su evolución.
Hablamos, naturalmente, de la Astrología Arcana, de aquella que se ha transmitido durante miles de años, y no de las predicciones de las revistas del corazón o los periódicos, que son un ejemplo más de como un mal uso de una disciplina, o símbolo, puede acabar convirtiéndolo a ojos ajenos en algo banal.
Una carta Natal, por ejemplo, no es otra cosa que un mapa simbólico de la psique humana de un individuo, como una semilla que contiene ciertos elementos o códigos para desarrollarse, crecer, convertirse en… Carl Jung y Roberto Assagioli sabían esto perfectamente y ambos elaboraron sus modelos psicológicos a partir de la antigua ciencia de la Astrología.
Un modelo psicológico es una alusión, una inferencia, una lente a través de la cual podemos ver aquello que no es articulable en palabras, porque son los misterios del corazón del ser humano, del alma humana, de la consciencia humana lo que andamos buscando.
Eso es justo lo que transmite un símbolo: una “aprehensión”, un conocimiento instantáneo de algo, captar un concepto saltándose los sentidos, un conocer por una impresión, sin pasar por el intelecto. La información contenida resuena en nosotros porque ya estaba dentro. Nos habla de algo que está el los orígenes y que, aunque no nos acordemos, vive en nuestro inconsciente personal y colectivo.
Este funcionamiento lo heredó el arte, que también a través del símbolo logra transmitir algo que se capta sin necesidad de explicación técnica o comprobación empírica.
En los mitos y en los cuentos existe una sabiduría subjetiva que se dirige a algo en nosotros que no es el intelecto, sino el Alma. El Símbolo es su expresión, porque como reza la expresión popular: “una imagen vale más que mil palabras”. Los dragones, los príncipes y las princesas, los tesoros escondidos, las maléficas brujas, los magos, las espadas célebres o las lámparas mágicas significan algo, y podemos aprender mucho sobre nuestro mapa interior cuando nos abrimos a apreciar en estas imágenes la simbología que representan… Como Alicia cayendo por la madriguera y descubriendo su País Interior…
Todos somos el héroe en busca de la amada, tal es nuestro viaje interior, al que debemos acceder para hallar nuestra integridad, nuestro “ser completo”. Por ello tales símbolos son captados de un modo tan claro e inmediato cuando los reconocemos.
La vida, nuestra vida, tiene el significado que nosotros le infundimos. Necesitamos el coraje de experimentar con instrumentos nuevos, sin prejuicios, para vivir de un modo más pleno y significativo. Y los símbolos son tales instrumentos.
Para ayudar a entender mejor el significado de los símbolos arcanos publicaremos aquí, en El Blog Alternativo, una serie de posts en los que intentaremos explicar y clarificar lo más significativo a través de una selección que hemos hecho:
Los Cuatro Elementos, El Árbol, La Serpiente, El Caduceo, El Ojo, La Luna, El Loto, El Huevo del Mundo, La Cruz, El Círculo, El Pentáculo, El Triángulo, La Pirámide, La Esvástica, La Estrella de David, El Tridente, El Obelisco, La Espiral.

El Círculo

“Dios es un Círculo que tiene su centro en todas partes, y cuya circunferencia no está en ninguna”
Hermes Trismegisto
“Un Círculo se cierra sobre sí mismo, y por ello representa la unidad, lo absoluto, la perfección. Es símbolo del cielo en relación a la tierra, de lo espiritual en relación a lo material. Por ello se le relaciona con la “protección” y, así, tenemos los círculos mágicos, los anillos de poder, las coronas reales o los cinturones que nos hacen invisibles.
Si bien el círculo representa el cielo, lo celestial, Dios o el Alma, se usa en lo terrenal como representación de la perfección de Dios en la tierra, de su manifestación arquetípica en la materia.”

Diana y Karolus
Todas las culturas que han existido en nuestra historia nos han legado su experiencia más íntima a través del lenguaje simbólico. Relacionarse con el mundo espiritual, y sintetizar esa mística relación con la vida a través del símbolo, es fundamental para el encuentro entre lo divino y lo humano.
Un símbolo es la expresión -bajo la forma de una imagen- de una idea o concepto, emoción o sentimiento espiritual, signo eterno de nuestra humanidad y de nuestra pertenencia a un todo sagrado mayor que nosotros mismos.
Los símbolos básicos y primigenios que comparten todas las culturas son El Círculo, La Cruz y El Cuadrado. Hoy empezaremos con El Círculo.
Su imagen proviene del disco solar. El Sol, Creador de la Luz y Señor del Fuego de la Vida, es el elemento crucial para la existencia de vida en la tierra.
Por ello, por encima de todo el cosmos simbólico, se erige el Símbolo del Círculo -la Rueda de la Vida para el Budismo- que hace girar a la naturaleza entera, con sus ciclos, sus ritmos y su movimiento eterno. Es, por tanto, la totalidad, la integridad y la realización.

Un Círculo se cierra sobre sí mismo y por ello representa la unidad, lo absoluto, la perfección. Es símbolo del cielo en relación a la tierra, de lo espiritual en relación a lo material. Por ello se le relaciona con la “protección”, y, así tenemos los círculos mágicos, los anillos de poder, las coronas reales o los cinturones que nos hacen invisibles. De esta manera, para simbolizar un círculo que protege a algo o a alguien, dibujamos este mismo círculo con un punto en su centro, el cual representa la individualidad, el ser, el alma –según Carl Jung-. Es el símbolo del oro en la Alquimia, y del Tao, el poder supremo en el Taoísmo. El Círculo es un punto extendido.
La redondez es sagrada por ser la forma más natural. Es la forma que contiene a las demás formas, el “Huevo Cósmico”, la eternidad.
Actualmente la física reconoce este hecho, y ha sido capaz de dar explicación de porqué los planetas o los soles son esféricos y no son cúbicos –cuadrados-. Lo mismo sucede con nuestras células, nuestros átomos o nuestros electrones.
El Círculo representa el poder masculino en su lectura subjetiva, la chispa de la vida, pero en su lectura más objetiva representa el poder de lo femenino, receptivo, la matriz de la Creación. Por ello es la divinidad manifestada, cuya creación se regula y se ordena, el Alfa y el Omega del Cristianismo.
Coincide asimismo con la naturaleza hombre-mujer del ser humano, en la que arquetípicamente el hombre ha representado la protección –padre-, el portador de la corona –rey-, la chispa de la vida –simiente-, y la mujer representa el acogimiento y el hogar –madre-, la receptividad, matriz o base –útero y óvulo-, y en la que mejor se representa el círculo por sus redondeces físicas, siendo en sí misma un reflejo de La Tierra -que nos acoge a nosotros como una Gran Madre- acogiendo también en algún momento de su existencia una o varias vidas en su interior.

Embarazo
También el círculo aparece en innumerables representaciones artísticas, religiosas y relativas a tradiciones:
Por ejemplo, los Derviches Malawi, conocidos como los Derviches Giradores, danzan en círculo sobre sí mismos imitando el movimiento de los planetas alrededor del sol, y también la búsqueda de Dios, simbolizado por el sol mismo.

Innumerables danzas en el mundo son celebradas en círculo como símbolo de hermanamiento, protección de la comunidad -asegurada dentro de sus límites-, búsqueda de lo trascendente a través de la acción en grupo, y fraternidad universal.
Si bien el círculo representa el cielo, lo celestial, Dios o el Alma, se usa en lo terrenal como representación de la perfección de Dios en la tierra, de su manifestación arquetípica en la materia. Por ello encontramos edificaciones y construcciones arcaicas como Stonehenge, dispuestas en círculo.

Stonehenge
También los rosetones en muchas iglesias y templos cristianos.

Rosetón de la Catedral de León, España
Asimismo, los mandalas resumen perfectamente dicha combinación terreno-espiritual.

Mandala
El círculo se ha usado en ritos de diversa índole como estabilizador, cohesionador de Alma y cuerpo, protector, unificador, sellador… de ahí el uso de cordones de defensa alrededor de ciudades, templos y tumbas; el uso de sortijas, anillos, collares, cinturones…  como elemento talismánico, de unión –matrimonio- y de poder sobrenatural, así como los escudos y brazaletes de los guerreros como su elemento protector.
Veamos la simbología de distintos tipos de círculos:
EL CÍRCULO ALADO: La pareja cósmica, el cielo creativo y la tierra fértil. Es el sol naciente para los egipcios, el dios Ra, la resurrección.

Círculo alado
DOS CÍRCULOS GEMELOS: El principio masculino y el principio femenino, la sabiduría y el amor, El Cristo y su naturaleza dual como Segunda Persona de la Trinidad.

Círculos gemelos
LOS CÍRCULOS TRIPLES: La Tríada original, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; Brahma, Visnhu y Shiva en la Trimurti Hindú, o Isis, Osiris y Horus en el antiguo Egipto.
Círculos triples

EL CÍRCULO EN LLAMAS:
Es “Pakriti” –Hinduísmo-, “lo que evoluciona, produce y da a luz”.

Círculo en Llamas

CÍRCULOS CONCÉNTRICOS:
Representan los grados de desarrollo, de evolución de la consciencia del ser, el perfeccionamiento y la armonía adquiridos.

Círculos concéntricos
En nuestro próximo post hablaremos del simbolismo de “la cruz” como representación de la encarnación de lo divino en lo humano, un símbolo imprescindible para comprender nuestra propia naturaleza y la condición de nuestra existencia terrenal.

El Triángulo

“El Triángulo es la clave de la geometría y está en la base de la ‘sección áurea’, llamada también ‘proporción divina’. Sintetiza la trinidad del ser, como producto de la unidad del cielo y de la tierra, la suma del uno y del dos.”
DIANA Y KAROLUS

El número tres es universalmente fundamental. Expresa el orden espiritual de Dios, en el cosmos y en el hombre. Sintetiza la trinidad del ser, como producto de la unidad del cielo y de la tierra, la suma del uno y del dos. El simbolismo del triángulo corresponde al del número tres.
En algunas representaciones Dios se simboliza como un triángulo con un ojo dentro -el ojo que todo lo ve-, significando así esa síntesis trina que supone la unión de lo material con lo espiritual, arrojando un tercer aspecto que nace de la unión de los dos anteriores, y que le da el Poder. Ello le hace capaz de expresarse como ser espiritual dentro de un marco material.
Respecto a ello Platón expone en el Timeo que el triángulo equilátero simboliza la armonía , la divinidad y la proporción. Y que el hombre se representa con la división en dos de ese equilátero, convirtiéndose en un triángulo rectángulo. Su tarea es recuperar esa parte “perdida” mediante un tránsito de regreso, evolutivo, y restablecer al fin del camino el equilibrio perdido.
Para los cristianos Dios es uno en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; para los budistas, es la Triple Joya o Triratna: Budha, Dharma y Sangha; en el Egipto ancestral, el triángulo divino está formado por Isis, Osiris y Orus; en el hinduismo, la trinidad se expresa como Brahma, Vishnu y Shiva, los aspectos productor, conservador y transformador de la creación; el mantram “Aum” –frecuentemente pronunciado “Om”-, los tres estados de la manifestación o los tres Gunas: Sattva, Rajas y Tamas; los tres Reyes Magos de Oriente, símbolos de las tres funciones del Rey del Mundo en la figura de Cristo naciente: Rey, Sacerdote y Profeta, y sus tres ofrendas: oro –símbolo de la realeza-, incienso –símbolo de la pureza del sacerdocio-, y mirra –la resina más amarga… el don de la profecía-.

El Triángulo es la clave de la geometría y está en la base de la “sección áurea”, llamada también “proporción divina”. El triángulo perfecto o “sublime” es aquel que su ángulo superior tiene 36º y los dos ángulos de la base 72º. El 36 tiene una gran significación pues es un número que se encuentra -sea él o derivados de él- en infinidad de conceptos matemáticos, esotéricos y religiosos.
Sin ir más lejos, el frontón de un templo contiene un triángulo con 108º (36×3) en la cúspide, y 36º cada extremo de la base. Dichas medidas se  corresponden, a su vez, al número de oro o proporción áurea.

Maqueta del templo de Aphaia Glyptothek, Munich
Con la punta hacia arriba es un símbolo solar y representa la vida, el elemento fuego de la Alquimia y el sexo masculino, la potencia genésica, el “lingam” del Hinduismo. Es también una de las representaciones de Cristo para el Cristianismo. El triángulo con la punta hacia abajo es lunar y simboliza el principio femenino, la matriz, la Diosa, la Gran Madre, y corresponde al símbolo alquímico del agua y del sexo femenino, el “yoni” (significa matriz) del Hinduismo.
Para los alquimistas, existían tres substancias básicas para realizar la Gran Obra –convertir el “plomo” en “oro”-, el azufre, el mercurio y la sal. En la Alquimia el triángulo con la punta hacia arriba es símbolo del fuego, y también del corazón. Dicha conversión vuelve a contarnos una vez más la alegoría sobre la transformación de la materia simple en materia pura o noble: a través del corazón, símbolo de la manifestación física del Alma, y a través del fuego, símbolo del conocimiento superior, la sapiencia.
En la tradición judaica, el triángulo equilátero simboliza a Dios, cuyo nombre no puede ser pronunciado. El Sello de Salomón y el Escudo de David están compuestos por estos dos triángulos montados el uno sobre el otro, en forma de hexágono estrellado, representando la sabiduría humana, la expansión de la consciencia en el mundo manifestado.

Sello de Salomón
El Sello de Salomón, al igual que el Pentáculo,  a menudo ha sido vinculado con el satanismo y otras artes oscuras. Como venimos insistiendo en esta serie de posts de EBA sobre simbología, toda significación tiene su cara luminosa y su cara oscura. Debemos tener en cuenta que la oscuridad tiende a copiar todo aquello que procede de lugares luminosos. Es incapaz de crear por sí sola, pues no es fuente de luz si no ausencia de luz.
Como ejemplo, posiblemente muchos de ustedes habrán visto representaciones de este símbolo con un 666 inscrito dentro. El 666 se ha relacionado con la energía luciferina y todas sus vertientes. El 6 se entiende como la suma de dos 3. Tres en lo material, más tres en lo espiritual. El triángulo de arriba, unido al triángulo de abajo.
La Astrología Evolutiva nos lo explica a través del signo de Virgo. La energía de Virgo tiene como objetivo la purificación de la materia, primero, y la expresión espiritual a través de ella, segundo. Y no una o la otra, sino la una y la otra como unión indisoluble. Triángulo de arriba, y triángulo de abajo. El 666 no es más que 6 (3+3, equilibrio materia-espíritu) en el plano físico, 6 en el plano emocional y 6 en el plano mental. Triángulos dentro de triángulos como hologramas dentro de hologramas.
En el esfuerzo evolutivo del hombre por lograr esa suma, la consecución de ese “sello” -fijémonos en la connotación que tiene la palabra, pues un sello es algo que cierra o rubrica algo- hay desequilibrios y por tanto también manifestación de energía luciferina. Energía que fue puesta en la tierra para justamente trabajar como equilibrador y acelerador de la evolución del hombre. No por ello se puede afirmar que el símbolo es en sí negativo, mas bien se usa así interesadamente para enfatizar los entresijos de ese tránsito evolutivo, no siempre alegres, y confundirnos.
Para la Kaballah hebrea, el triángulo representa al espíritu, al Alma y al Cuerpo. En el Árbol de la Vida, los “sephirots” se agrupan también según un modelo de triangulación: lo inmanifestado, lo arquetípico o supraformal y la acción realizadora.

Árbol de la Vida, obsérvense la disposición triangular entre los Sephirots.
Para el Cristianismo, el ternario sirve para numerosas concepciones sistemáticas de ordenación: tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, o la tríada “amor, sabiduría, verdad”; para la dialéctica hegeliana: tesis, antítesis y síntesis… De hecho el tres o el triángulo es el número de la consumación: David vivió 33 años; Jesús murió a los 33 años; La Divina Comedia de Dante consta de 3X33 + 1 cantos; el rosario islámico consta de 33 cuentas o en la mitología hindú, 33 dioses expresan la perfección.
Tipos de Triángulos:

Triángulo inscrito en un Círculo:


Simboliza los arquetipos o modelos de las formas que han sido, que son y que serán. La eternidad reside alrededor de ellas, y desde ellas, el tiempo fluye como un arroyo, inundando los mundos (Plutarco).

Tres Triángulos entrelazados:


La unidad indisoluble de las Tres personas de la Trinidad Universal.

El Sello de Salomón:


“Cada analogía verdadera debe ser aplicada inversamente”, “lo que está arriba es como lo que está abajo, pero a la inversa”. Es la unión de los dos principios universales: masculino-femenino, luz oscuridad, muerte-vida, yin-yang… el equilibrio perfecto de las fuerzas complementarias, el aspecto andrógino de la deidad.
DIANA Y KAROLUS